Los virus gripales cambian de temporada en temporada, lo que provoca que la población pueda tener una protección limitada frente a los nuevos virus circulantes. Así, la vacuna antigripal debe ser modificada anualmente adaptándola a las cepas que se cree circularán en cada temporada. En este punto juega un papel fundamental la vigilancia nacional e internacional de la gripe, que tiene como objetivo caracterizar adecuadamente los virus circulantes y su difusión entre la población.




